sábado, 17 de mayo de 2014

¡Adiós a mi rostro!



Uno de mis primeros acercamientos a la poética de Decroux. La idea es que el actor utilice el lenguaje del cuerpo para comunicar y el peso de la actuación no caiga solo en el rostro. A esto puedo agregar que en mi caso, el pañal aumentó la dificultad de mi trabajo en proporciones exorbitantes, de partida porque soy miope (aunque tengo lentes de contacto prefiero no usarlos para actuar porque me obligan a pestañar más de lo normal, me pican los ojos, me molestan los párpados, me desconcentro, etc.) y pierdo el equilibrio con facilidad. Por otro lado, pese al obstáculo que representa tener el rostro cubierto y si bien no pude alcanzar la precisión máxima durante el trabajo, siento que la dificultad contribuyó a que mi concentración aumentara y a que pudiera sentir mi cuerpo presente en ese riesgo. Llevar el cuerpo al límite, aun si no llegamos a la perfección de la forma, no solo provoca un conflicto "escénico", sino que también el conflicto está dentro, en el dolor de los músculos y en la expansión o contracción de los órganos, lo cual influye también en nuestras emociones.








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